lunes, 19 de agosto de 2013

89.-


Una semana ya había pasado. SÁBADO, por la mañana. Nos encontrábamos desayunando, en la cama. Eran las diez de la mañana, Sol todavía dormía en su habitación.

Estaba fresco, afuera estaba nublado, día ideal para quedarse en la cama, y simplemente dormir, y dormir.

- No puedo creer que hayas hecho el desayuno.

- Bueno, hasta el desayuno te hago.
- Es un gran paso Alfonso.
- Bueno, Chaves. Al menos lo hice.
- Obvio, es bueno eso.
- Si, tengo que practicar.
- ¿Para qué?
- Para cuando tenga una hija ¿O no?
- ¿Con quién? Conmigo seguro que no..
- No digas eso hermosa. Sabes que voy a tener una hija con vos..
- No. Yo nunca voy a tener hijos.
- Si que vas a tener hijos Pau. Vamos a tener hijos, te lo aseguro.
- Nunca me voy a curar de esto.
- No lo sabes. Por ahí ya te curaste.
- Eso no es verdad.
- ¿Y si sacas un turno para el médico? Quien te dice..
- No quiero desilucionarme.
- De verdad. Con intentarlo no cuesta nada ¿O no?
- Bueno, puede que tengas razón.
- ¿Por qué no llamas?
- ¿Vos decís?
- Si hermosa. Dale.
- Bueno, esta bien.
- Todo va a estar bien, en serio.

Agarré el teléfono y marqué el número de la clínica, realmente tenía un poco de miedo. No iba a negarlo, en realidad estaba aterrada, moría de miedo. Y de saber los resultados. Aunque todavía no iba a saberlos, primero tenía que hacerlos.


Me atendieron rápido, y o casualidad, tenían un turno para hoy. ¿Algo mas? No quería. Pero bueno, no me quedó otra opción que aceptar.

Hoy a las cinco de la tarde tenía turno con Dario, para hacerme análisis de sangre, y todo tipo de estudios, que la verdad ni siquiera sabía cuales eran.
Volví a la cama con Pepe y me senté a su lado.

- ¿Y? ¿Qué te dijeron?

- Me dieron turno para hoy.
- ¿Para hoy? ¿Tan pronto?
- Yo tampoco puedo creerlo.
- Bueno, no tenes que esperar tanto.
- Si.
- ¿A qué hora?
- A las cinco ¿Me vas a acompañar?
- Obvio bonita.
- Gracias.
- De nada princesa.


Las horas pasaron y se hicieron las tres y media de la tarde, tenía que ducharme para ir al médico.


- Gordo, yo me voy a bañar.

- Esta bien Pau.
- ¿Vos? ¿Te bañas después?
- Si, si bonita. 
- Bueno. 

Me dirigí al baño. Allí abrí la ducha, y me sumergí bajo esa cascada de agua, que golpeaba sobre mi nuca. Necesitaba tranquilizarme, y relajarme un poco. No podía creer que dentro de unas horas tenía turno con el médico para hacerme análisis. Y todo para saber si me había curado de la enfermedad esta que tenía. 


Salí de bañarme, y ya era hora de irnos para la clínica. Lo único que pedía era que no me dieran los resultados hoy. Necesitaba sentir que podía cambiar, que todo iba a estar bien, que no me había pasado nada, aunque sea por unas cuantas horas o días mas. 

- ¿Ya estas amor? 
- Si, si. ¿Vos?
- Si. Ya me cambié y bañe. ¿Solcí va con nosotros?
- Si. No tengo con quien dejarla.
- ¿Queres qué la llevemos a mi casa?
- No amor. No quiero que tu mamá tenga que ocuparse de Sol.
- ¿Voy a la casa de Pepe? -se metió Sol en la conversación-
- No amor. 
- ¿Ai. Por qué no? Yo quería ir.
- ¿Queres que le diga a mi mamá?
- Si. Por fas Pau.
- Bueno, esta bien. Solo por hoy.
- Bien. Te amo hermana.
- Se,se. Dale, vamos.
- Esperen que llamo a mi casa, y vamos.
- Okei.

Pepe se fue a hablar por teléfono con su mamá, mientras que yo me quedé con Solci allí. 
Ella se estaba mirando al espejo, tratando de peinarse. 

- ¡Ai no puedo! -gritó-
- me acerqué a ella- ¿Te ayudo amor?
- No. Quiero hacerlo sola.
- Pero no podes.
- Pero quiero que me salga como me lo hacía mamá.
- Ai mi amor. Pero a mi tampoco me sale como ella la hacía.
- Pero yo lo quiero así.
- No se puede.
- ¡No me importa! -gritó- 
- No grites Solci.
- ¡Quiero a mamá! ¡Aaahh! -gritó y corrió a su habitación-
- No Sol, espera. 

Salió corriendo hacía la habitación. Iba a seguirla, pero Pepe justo apareció, seguro había terminado de hablar por teléfono. 

- Ei. ¿Qué pasó bonita?
- Sol pasó. No se, se enojó porque quería peinarse como lo hacía mi mamá.
- Tranquila. No llores.
- Te juro que yo también la necesito muchisimo.
- Tranquila. ¿Queres que hable con ella?
- Cuando se enoja. Nadie puede hablarle.
- Al menos lo intento.
- Si, queres. 
- Dale. En serio. 
- Como quieras.
- Yo ahora hablo con ella. Pero vos no llores.
- Es inevitable no hacerlo, Pepe. Esta mal por la muerte de mi mamá y la entiendo.
- Tranquila mi amor. 
- Abrázame. Por favor. 
- Obvio princesa. 

Me rodeó con sus brazos, y yo me apoyé sobre su pecho. Dejando escapar algunas lágrimas, intentando encontrar refugio en este lugar.
Me tuvo rodeada entre sus brazos unos cuantos minutos. Nos separamos y él besó mis labios.

- Ya vengo. Voy a hablar con Solci.
- Si te abre la puerta es todo un logro.
- Si, quédate tranquila.
- Espero. 
- De verdad amor. Va a entenderlo.
- Okei. Espero acá.
- Dale, ya vuelvo. 
- sonreí- Bueno. 

Pepe se fue a hablar con Sol, al cuarto de ella. 
Yo me dirigí al balcón, y me senté allí en el borde del ventanal, necesitaba un poco de aire. Me sentía mal, mareada, y con dolor de cabeza. Mis lágrimas caían sin poder detenerlas, necesitaba a mi mamá conmigo. Tenerla a mi lado, abrazarla.

¿Por qué mierda me pasó esto a mí? 
¿Por qué no me morí yo?
¿Por qué la vida se empeñó conmigo?
¿Por qué? ¿Por qué? 
¿Cuándo iba a dejar de sufrir? La pregunta sería diferente.. ¿Iba a dejar de sufrir? No lo sabía.. 



Continuara: 

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