viernes, 19 de abril de 2013

39.-



Le di el último beso en la mejilla, a mi hermanita y luego salí de su habitación. Me dirigí a la mía, y prendí mi celular, eran las 17 y media, faltaba media hora para que Pepe me pasará a buscar. No iba a ducharme, ya que ya lo había hecho antes de acostarme.
Comencé a buscar algo para ponerme, lindo pero simple, jeans, una musculosa blanca y encima de ella una camisa a rayas, y obvio mis converse, pero esta vez rojas. Me miré al espejo, ¡Si estaba bien!, pero estaba decidiendo si ataba mi pelo con una gomita, o lo dejaba suelto, después lo decidiría.  Pinté un poco mis ojos con un poco de rímel, y una sombra color natural, listo, solo faltaba que Pedro viniera.
Mientras esperaba, aproveche y entre al Facebook, coloqué mi mail, y luego mi contraseña y entro. Solo tenía cuatro menciones, obviamente de las chicas, y una solicitud de amistad, me fije de quien era y decía “Agustín Palmeiro” , la rechacé al instante, no quería saber nada con él, subí las fotos que nos habíamos sacado ayer, y comencé a reírme cada vez que veía cada una, esa foto que nos habíamos sacado cuando estábamos haciendo las pizzas, la puse como portada, amaba esa foto, era hermosa.
Escuché que sonó el portero, así que cerré el Facebook, y apagué la computadora.  Mamá ya había atendido, era Pepe. Así me despedí de ella y bajé, no tenía ganas de esperar el ascensor así que bajé por las escaleras. Llegué a la puerta y ahí estaba él esperándome, tan lindo, con una remera, jeans y sus típicas zapatillas pony, lo amaba. Me acerqué a él y lo saludé.

-Hola bonita –besó mi mejilla-
-Hola bonito –reí al decirlo- Estas muy lindo –al instante mis mejillas se tornaron de un color rojizo-
- Gracias, pero mas bonita que vos imposible. –nuevamente me puse colorada-
- Gracias Pepe. –lo miré a los ojos y puse carita de nena- ¿No vas a saludarme? –dije “inocentemente”
- Ya te saludé ¿O no? –dijo pícaro-
- lo besé sin decir mas nada-  Eso es un saludo, no un beso acá –señale mi mejilla-
- Me sorprende Chaves.
- ¿Así? ¿Nunca pensó que podía hacer algo así Alfonso?
- De verdad no, señorita.
- Bueno ahora lo sabe, y puedo hacer muchas cosas mas.
- Mire usted, ¿Cómo cuales?
- Si se las digo, no van a ser sorpresa. –sonreí pícara-
- Sos una zarpada.
- Euuu. Solo era para que te rías. ¿Me vas a saludar o no?
- Obvio.

Colocó su mano en mi nuca, y nuestros labios se unieron como la primera vez que nos besamos. Era mágico lo que sentía cuando lo besaba, cuando estaba con él, lindo y extraño. Amaba a este chico, y no iba a perderlo.
Luego de ese beso, no dirigimos a la heladería, no hacía mucho calor, ni tampoco mucho frío, ya que en Mayo los días generalmente eran nublados, o fríos.  Cuando llegamos a la heladería, él fue a pedir mientras yo lo esperé sentada afuera. Cuando volvió traía dos tacitas, me entregó la mía y me asombro saber que se acordaba mis gustos preferidos.

-Bueno, acá esta el tuyo. –me dio el helado-
- Gracias. –lo miré- Veo que te acordaste mis gustos preferidos.
- Obvio, frutilla a la crema, y crema americana.
-Muy bien Alfonso. –sonreí y comencé a comer-
- Solo recuerdo cosas de la gente que quiero mucho.
-sonreí- Al final, todo bien el helado, pero no me dijiste a donde vamos.
- ¿Vamos? Es acá cerca, seguro ya la conoces, pero es un lugar muy lindo.
- Obvio, vamos.

Me extendió su mano, y yo la tomé. Y así fuimos, caminando entre charla, y risas. Cuando llegamos, sonreí sincera, de verdad. Me encantaba este lugar, ya había venido varias veces, siempre venía cuando me sentía mal, o necesitaba un momento de paz para mí sola. La plaza de Marmol era uno de mis lugares preferidos. Cuando llegamos nos sentamos debajo de un árbol, en el césped, él apoyó su espalda contra el árbol, y yo me senté entre sus piernas, apoyando mis espalda en su pecho.

-Amo este lugar, me encanta –dije sonriendo- Siempre vengo cuando necesito estar sola.
- ¿Si? Ese es un buen dato, para cuando nos peleemos o pase algo.
- Tonto, pero si es un buen dato.
- Viste, tengo razón.  –rio- ¿Esta rico el helado?
- Si,si esta rico. –me acomodé bien contra su pecho, y me quedé mirando el cielo-
- Cinco pesos por tus pensamientos.  –me miró-
- ¿Te gustaría saber lo que pienso no Alfonso?
- Obvio, pagaría por ver lo que piensa esa cabecita.
- Morirías por saberlo. –reí-  Pensaba en mi papá, me mandó un mensaje hoy, mira –le mostré el mensaje-
- No puedo creer. ¿Por qué lo hizo?
- No se, no lose. Pero me duele muchísimo lo que hizo, me lo mandó por un mensaje, ni siquiera le da la cara para venir a decírmelo.  –dije entre lágrimas- Es mi papá Pedro, mi papá y ya ni siquiera le importo, ni yo ni ninguna de nosotras.
- Tranquila bonita –me rodeó con sus brazos-  Tarde o temprano, él se va a dar cuenta de lo que hizo, y va a venir a verte.
- Lo dudo.
- De verdad Pau. No llores mas, por favor. Me parte el alma verte llorar.
- No lloro solo por eso, por culpa de él, casi vuelvo a cortarme, a caer de nuevo, como antes todos los días lo hacía. Y no quiero, basta. Quiero salir de esto, quiero ser feliz.  – tapé mi cara con mis manos-
- Tranquila preciosa, pero no lo hiciste.
- Porque mi mamá llegó, si no lo hubiera hecho igual.
- Tranquila todo va a estar bien, vas a ser feliz, te lo prometo.
- No prometas algo que no vas a poder cumplir.
- Si, si voy a cumplirlo. Vos vas a ser feliz, y yo voy a lograr eso.
- Gracias.
- Bueno basta no llores. –agarró con el dedo helado de mi pote-
- Pedro ¿Qué haces? Que asco. Y encima es mío.
-Bueno ahora es mío.
- Que asco. No lo podes comer, es mío. –dije retrucando-
- Bueno, no lo como. –dijo riendo-
- ¿Y a donde lo vas a dejar?
- Acá –y lo puso en mi mejilla- Es tuyo dijiste ¿no?
- ¡PEDRO! Yo te mato.  –dije gritando- Ahora lo limpias.
- Pero que demandante Chaves.
- Dale Pepe, en serio. Ahora me va a quedar todo pegoteado.
- Bueno lo limpio. – besó mi mejilla, y luego me miró a los ojos- ¿Listo?
- ¿Sabías que te amo? –sonreí-
-Si, yo te amo mas. –y me besó- Sos tan linda.
- Vos también sos muy lindo.  –besé su mejilla dulcemente-
- Necesito decirte algo Pau. –dijo mirándome a los ojos-
- lo mire a los ojos- ¿Qué? 

Continuara:

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