Le di el último beso en la mejilla, a mi hermanita y luego
salí de su habitación. Me dirigí a la mía, y prendí mi celular, eran las 17 y
media, faltaba media hora para que Pepe me pasará a buscar. No iba a ducharme,
ya que ya lo había hecho antes de acostarme.
Comencé a buscar algo para ponerme, lindo pero simple,
jeans, una musculosa blanca y encima de ella una camisa a rayas, y obvio mis
converse, pero esta vez rojas. Me miré al espejo, ¡Si estaba bien!, pero estaba
decidiendo si ataba mi pelo con una gomita, o lo dejaba suelto, después lo
decidiría. Pinté un poco mis ojos con un
poco de rímel, y una sombra color natural, listo, solo faltaba que Pedro
viniera.
Mientras esperaba, aproveche y entre al Facebook, coloqué mi
mail, y luego mi contraseña y entro. Solo tenía cuatro menciones, obviamente de
las chicas, y una solicitud de amistad, me fije de quien era y decía “Agustín
Palmeiro” , la rechacé al instante, no quería saber nada con él, subí las fotos
que nos habíamos sacado ayer, y comencé a reírme cada vez que veía cada una,
esa foto que nos habíamos sacado cuando estábamos haciendo las pizzas, la puse
como portada, amaba esa foto, era hermosa.
Escuché que sonó el portero, así que cerré el Facebook, y
apagué la computadora. Mamá ya había
atendido, era Pepe. Así me despedí de ella y bajé, no tenía ganas de esperar el
ascensor así que bajé por las escaleras. Llegué a la puerta y ahí estaba él
esperándome, tan lindo, con una remera, jeans y sus típicas zapatillas pony, lo
amaba. Me acerqué a él y lo saludé.
-Hola bonita –besó mi mejilla-
-Hola bonito –reí al decirlo- Estas muy lindo –al instante
mis mejillas se tornaron de un color rojizo-
- Gracias, pero mas bonita que vos imposible. –nuevamente me
puse colorada-
- Gracias Pepe. –lo miré a los ojos y puse carita de nena-
¿No vas a saludarme? –dije “inocentemente”
- Ya te saludé ¿O no? –dijo pícaro-
- lo besé sin decir mas nada- Eso es un saludo, no un beso acá –señale mi
mejilla-
- Me sorprende Chaves.
- ¿Así? ¿Nunca pensó que podía hacer algo así Alfonso?
- De verdad no, señorita.
- Bueno ahora lo sabe, y puedo hacer muchas cosas mas.
- Mire usted, ¿Cómo cuales?
- Si se las digo, no van a ser sorpresa. –sonreí pícara-
- Sos una zarpada.
- Euuu. Solo era para que te rías. ¿Me vas a saludar o no?
- Obvio.
Colocó su mano en mi nuca, y nuestros labios se unieron como
la primera vez que nos besamos. Era mágico lo que sentía cuando lo besaba,
cuando estaba con él, lindo y extraño. Amaba a este chico, y no iba a perderlo.
Luego de ese beso, no dirigimos a la heladería, no hacía
mucho calor, ni tampoco mucho frío, ya que en Mayo los días generalmente eran
nublados, o fríos. Cuando llegamos a la
heladería, él fue a pedir mientras yo lo esperé sentada afuera. Cuando volvió
traía dos tacitas, me entregó la mía y me asombro saber que se acordaba mis
gustos preferidos.
-Bueno, acá esta el tuyo. –me dio el helado-
- Gracias. –lo miré- Veo que te acordaste mis gustos
preferidos.
- Obvio, frutilla a la crema, y crema americana.
-Muy bien Alfonso. –sonreí y comencé a comer-
- Solo recuerdo cosas de la gente que quiero mucho.
-sonreí- Al final, todo bien el helado, pero no me dijiste a
donde vamos.
- ¿Vamos? Es acá cerca, seguro ya la conoces, pero es un
lugar muy lindo.
- Obvio, vamos.
Me extendió su mano, y yo la tomé. Y así fuimos, caminando
entre charla, y risas. Cuando llegamos, sonreí sincera, de verdad. Me encantaba
este lugar, ya había venido varias veces, siempre venía cuando me sentía mal, o
necesitaba un momento de paz para mí sola. La plaza de Marmol era uno de mis
lugares preferidos. Cuando llegamos nos sentamos debajo de un árbol, en el
césped, él apoyó su espalda contra el árbol, y yo me senté entre sus piernas,
apoyando mis espalda en su pecho.
-Amo este lugar, me encanta –dije sonriendo- Siempre vengo
cuando necesito estar sola.
- ¿Si? Ese es un buen dato, para cuando nos peleemos o pase
algo.
- Tonto, pero si es un buen dato.
- Viste, tengo razón.
–rio- ¿Esta rico el helado?
- Si,si esta rico. –me acomodé bien contra su pecho, y me quedé
mirando el cielo-
- Cinco pesos por tus pensamientos. –me miró-
- ¿Te gustaría saber lo que pienso no Alfonso?
- Obvio, pagaría por ver lo que piensa esa cabecita.
- Morirías por saberlo. –reí- Pensaba en mi papá, me mandó un mensaje hoy,
mira –le mostré el mensaje-
- No puedo creer. ¿Por qué lo hizo?
- No se, no lose. Pero me duele muchísimo lo que hizo, me lo
mandó por un mensaje, ni siquiera le da la cara para venir a decírmelo. –dije entre lágrimas- Es mi papá Pedro, mi
papá y ya ni siquiera le importo, ni yo ni ninguna de nosotras.
- Tranquila bonita –me rodeó con sus brazos- Tarde o temprano, él se va a dar cuenta de lo
que hizo, y va a venir a verte.
- Lo dudo.
- De verdad Pau. No llores mas, por favor. Me parte el alma
verte llorar.
- No lloro solo por eso, por culpa de él, casi vuelvo a
cortarme, a caer de nuevo, como antes todos los días lo hacía. Y no quiero,
basta. Quiero salir de esto, quiero ser feliz.
– tapé mi cara con mis manos-
- Tranquila preciosa, pero no lo hiciste.
- Porque mi mamá llegó, si no lo hubiera hecho igual.
- Tranquila todo va a estar bien, vas a ser feliz, te lo
prometo.
- No prometas algo que no vas a poder cumplir.
- Si, si voy a cumplirlo. Vos vas a ser feliz, y yo voy a
lograr eso.
- Gracias.
- Bueno basta no llores. –agarró con el dedo helado de mi
pote-
- Pedro ¿Qué haces? Que asco. Y encima es mío.
-Bueno ahora es mío.
- Que asco. No lo podes comer, es mío. –dije retrucando-
- Bueno, no lo como. –dijo riendo-
- ¿Y a donde lo vas a dejar?
- Acá –y lo puso en mi mejilla- Es tuyo dijiste ¿no?
- ¡PEDRO! Yo te mato. –dije gritando- Ahora lo limpias.
- Pero que demandante Chaves.
- Dale Pepe, en serio. Ahora me va a quedar todo pegoteado.
- Bueno lo limpio. – besó mi mejilla, y luego me miró a los
ojos- ¿Listo?
- ¿Sabías que te amo? –sonreí-
-Si, yo te amo mas. –y me besó- Sos tan linda.
- Vos también sos muy lindo.
–besé su mejilla dulcemente-
- Necesito decirte algo Pau. –dijo mirándome a los ojos-
- lo mire a los ojos- ¿Qué?
Continuara:
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