domingo, 7 de julio de 2013

75.-


Hoy empezaría a ir al psicólogo. Esto definitivamente era muy extraño. Tenía miedo, en realidad, estaba aterrada. No sabía que podía pasar. No estaba segura ir a contarle a alguien mis cosas, charlar con una persona que no conozco. Me da terror. Pero sabía que era por mi bien, que lo hacía solo para poder salir de todo esto que me hacía mal, y no me dejaba ser feliz. 

Pedro estaba acompañándome, obviamente él no entraría al consultorio conmigo, aunque si pudiera juro que dejaría que entrara, no quería estar sola. Llegamos, ingresamos al lugar. Y nos sentamos a esperar a que me llamaran.
Sentía como mis manos sudaban, y mi cuerpo se encontraba en un completo temblor. Pepe se dio cuenta y pasó su brazo por mi espalda. Acariciandola para que me tranquilizara.

- Tranquila bonita. Va a estar todo bien.
- Tengo miedo. 
- No va a pasar nada. 
- Pero me da terror contarle mis cosas a alguien que no conozco. 
- Te aseguro que es mucho mejor que contárselas a alguien que conoces.
- ¿Vos decís? No creo.
- Si Pau. Te lo digo por experiencia propia.
- Bueno. Eso espero.
- Te amo hermosa. Todo va a estar bien.
- Te amo mas. ¿Te vas a quedar cuando entre no?
- Si obvio, no me voy a ir. No pienso dejarte sola.
- Gracias, de verdad- Por estar conmigo.
- No tenes porque agradecerme, nada. Siempre voy a estar con vos.
- Sos tanto en mi vida.
- Vos también lo sos. 
- escuché que dijeron mi nombre- Me están llamando a mí. Tengo que ir.
- Si. Suerte bonita. Todo va a salir bien.
- sonreí- Gracias.

Me paré de mi asiento, y me dirigí con paso lento y firme hacía la puerta del consultorio. Tenía miedo, pero tenía que afrontar esto de una vez por todas. 
Una señora me recibió con un saludo amable y cortes. 
Ingresamos al consultorio, y ella terminó por cerrar la puerta. 

....................

Una hora después salí de allí. Realmente me había hecho muy bien, Pedro tenía razón, me iba a hacer bien, no iba a pasar nada. Y fue eso. Hablé con ella, lo mas distendida y relajada. Parecía como si le estuviera contando mis cosas a mi mejor amiga. Pero en realidad no, era diferente, ella me transmitía confianza, esa confianza que a veces hasta ni Pepe me daba, esa confianza de largar todas las palabras, sin importar nada. 

Cuando salí, Pedro seguía allí, en la misma posición con la que nos habíamos despedido. Se quedó ahí toda la hora, no lo podía creer, era tan lindo. 
Me acerqué a él, y lo abracé.

- Gracias por haberme abierto los ojos, y aconsejarme para que venga al psicólogo.
- Nada que agradecer princesa. 
- Si, y acepta mis agradecimientos.
- Bueno, pero solo esta vez. Me alegra saber que te hizo bien.
- De verdad. Me hizo bien.
- sonrió- Y también me alegra saber que al menos hice algo que te ayudó.
- Siempre haces algo que me ayuda.
- Mmm..no lo creo.
- Si creelo porque es verdad.
- Bueno, si vos lo decís. 
- Si yo lo digo. Y vos lo demostras.
- ¿Vamos?
- Si, aparte esta feo.
- Esta lloviendo.  ¿Queres que vayamos en remis?
- No. Quiero ir caminando.
- Pero llueve Pau.
- No importa. Porfaa.
- Paula. Llueve.
- Sos malo -hice puchero-
- Dios. Esta bien vamos caminando.
- Sos muy lindo ¿Sabías?
- Si, lo sabía- rió- Pero hay días en que te mataría. Tu carita me convence.
- ¿Puedo ser muy convencedora? Lo voy a tener en cuenta. -reí-
- Dale mejor vamos antes de que me arrepienta. 
- Si, vamos. 
- Ah. Si me enfermo es tu culpa.
- ¿Mi culpa? ¿Por qué?
- Porque dijiste para ir caminando. Va a quedar en tu conciencia.
- Malo que sos. -besé su mejilla- 
- Dale, vamos.

Salimos del consultorio, y emprendimos camino hacía mi casa. Llovía pero no tanto. Yo iba tapada con la campera de Pepe. Y él me rodeaba con sus brazos, haciendo que los míos queden por debajo de los suyos.
Cuando llegamos a mi casa, él se despidió de mí, no entró porque se había largado un poco mas fuerte. Y aparte tenía que volver, ya que su mamá lo había llamado, para que lo ayude en algunas cosas de la casa. 
Nos despedimos, y me dispuse a abrir la puerta. 
Cuando lo estaba haciendo, siento que alguien me agarra del brazo, y me gira, haciendo que lo mire a la cara.
Mi papá. Otra vez.

- ¿Qué haces? Soltame.
- No te suelto nada. Escuchame.
- Voy a gritar. Soltame papá.
- ¿Sigo siendo tu papá?
- No sos mi papá, nunca mas vas a volver a hacerlo. Pero es la costumbre llamarte así.
- Bueno, veo que te llenaron la cabeza.
- A mí no me lleno nadie la cabeza. Vos te equivocaste, vos cometiste un error. Y ni siquiera sos capaz de asumirlo.
- Yo asumo mi error. Pero ustedes no me dejan volver a mi casa. Porque es mía.
- Esta no es mas tu casa, nunca va a volver a serlo.
- Te equivocas Paulita. Pronto voy a volver.
- No. Soltame, me quiero ir.
- ¿Cómo esta tu mamá? ¿Sigue tirada en la cama? ¿Enferma? Pobrecita, la compadezco.
- Sos un enfermo. Te odio, te odio con todo mi ser. Ojalá te mueras.
- Me parece que la que se va a morir primero va a ser tu mamita. ¿Cuántos días le quedan? ¿Cinco? ¿O solo horas?
- Hijo de puta. Aborresco todos estos años haberte llamado papá. Te odio. -hice que me suelte, abrí la puerta y entré- 
- Nos vamos a ver pronto Pau. Y vos te vas a venir conmigo.

Mis lágrimas ya caían por mi rostro. Las sequé con mi puño rápidamente. No quería llorar y menos por su culpa. Ni siquiera merecía mis lágrimas, ninguna de ellas.
Subí al departamento. Ingresé y me dirigí a mi habitación, sin hacer caso a lo que pasaba a mi alrededor. 

Otra vez estaba cortando mi piel, otra vez veía como las gotas de sangre se deslizaban por mi brazo, cayendo al piso. Todo era por su culpa, toda esta mierda era por culpa de él. Lo odiaba, me daba asco. No servía de nada ir al psicólogo, si siempre él iba a terminar llegando y arruinando todo. Siempre era lo mismo. 
Dos veces en un día, dos veces me había cortado. 

Tenía muchísima bronca, demasiada. Tiré al suelo con lo que me había cortado. Había fotos mías con él, la revolee las tiré contra la pared. Tironee de las sábanas de mi cama, y las arrastré al suelo. Desarmé todo mi cuarto, todo estaba revuelto, todo dado vueltas. Y todo era su culpa. Caí en lo que había hecho, y me desarmé en el suelo a llorar. Un llanto desgarrador que lo único que pedía era ayuda.

Mi mamá ya estaba conmigo, sentada en el suelo a mi lado. Rodeándome con sus brazos y acariciando mi cabello para que pueda tranquilizarme. 

- Tranquila hija. Tranquila.
- seguía llorando- No puedo mas. Haga lo que haga, siempre termino cortándome.
- Basta mi amor. Tenes que calmarte.
- ¿Calmarme? ¿Para qué? No tiene sentido. Nada tiene sentido, todo es una mierda. 
- Sh. -acariciaba mi cabello- Veni vamos a lavarte esto.
- No mamá, no. Quiero llorar, y dormir. Cerrar los ojos y nunca mas abrirlos. Me odio por esto, soy lo peor. Y no sirvo para nada.
- Basta Paula. Basta. Deja de castigarte así, deja de que todo el mundo maneje tu vida. Hija, tenes que abrir los ojos. Despertar, y mirar a tu alrededor. Todo pasa, las cosas buenas, y las malas también. Yo un día no voy a estar mas. Y es hora de que tomes tus propias decisiones, no permitas que los demás te digan lo que tenes que hacer. No permitas que te denigren, que te lastimen. Date cuenta de que vales muchísimo hija, valorate vos y hace que los demás te valoren.
- apoyé mi cabeza en su pecho.- ¿Cómo mami? ¿Cómo? 
- Empezando por cambiar esto que te pasa.

Me quedé un rato allí con mamá. No podía parar de llorar. No podía dejar de hacerlo. Mi mamá tenía razón, debía valorarme y hacer algo por mí. 
Sabía cual era mi objetivo pero ¿Cómo llevarlo a cabo? Tenía que proponerme algo para mi vida, y así poder disfrutarla y sonreír.


Continuara: 

.............................................................................................................................................................

Espero que les haya gustado. Gracias a todas por leer. A la noche, mas tarde subo de la otra nove. http://soscomoteimagine.blogspot.com.ar/ :) 

1 comentario: